                    | Corren los primeros años del siglo XIX. Cuando un honrado carpintero instala un taller en la calle del Calvario. En 1806 en este lugar nace Luis Candelas Cagigal. El niño crece, aprende sus primeras letras. Han pasado unos años, Luis Candelas es ya un mozalbete y en su barrio ha ido creando fama, prodigando chicoleos a las damas y reuniéndose con amigos de vida accidentada.Muere su padre, después de conseguir, aunque por poco tiempo, que cursase algunos estudios en el Instituto San Isidro, de donde se sale harto de la sumisión y obediencia que tenia que hacerse objeto.Poco después, su madre.La condolencia dura poco, aliviada además de una herencia de 62.000 reales que le callo encima. Con todo, Candelas ha ido ya haciendo estragos en la alta sociedad. No sin, a la par, haber hecho amistades en todas las esferas. Su presencia altiva, su carácter correctamente desenfadado y su simpatía arrolladora, juntamente con su característico atuendo -chaquetilla azul turquesa, pantalón de mahón, faja Corinto y, caído sobre las cejas , el sombrero calañés-, hacia que también en el campo femenino quedasen prendadas desde la mas guapa princesa hasta la mas (Manola) de Madrid. En 1827 se casa con Manuela Sánchez, en la iglesia de San Cayetano, y marcha a Zamora donde deja abandonada a su esposa -de la que nadie mas se supo-, y regresa a Madrid. Absolutistas y liberales han declarado la guerra civil. los buscones y la briba actúan a sus anchas. A raíz de unos robos le encarcelan; su ficha rezaba así: Luis Candelas Cagigal , de veintiún años, casado, natural de Madrid, ladrón profesional, estatura regular pelo negro sin redecilla, ojos al pelo, boca grande y mandíbula prominente, dientes iguales y blancos. Bien formado y recio, sin bigote ni patillas. Pero no dura mucho tiempo en prisión, por sus influencias labradas dentro y fuera de la cárcel. El bandido comienza a trazar nuevos planes, decide desdoblar su personalidad -es decir, será, a las vez que Luis Candelas, don Luis Alvarez de Cobos, terrateniente de Perú-, compra un piso en calle Tudescos, con salida falsa en el callejón del mismo nombre. Por la puerta principal saldrá el hacendado Peruano, por la falsa el bandido. El opulento hacendado aparece en la buena sociedad, donde pronto se hace estimar por su buena educación. Mientras Luis Candelas roba establecimientos, asalta diligencias... ayudando a los pobres con dinero robado. Sus armas Preferidas son: la palanqueta, ganzúa, berbiqui, una linterna y la sierra de cadena, a mas de dos pistolas, que llevara para intimidar a la gente, y un cuchillo cabritero, que llamara (guapin).
Como comprende que debe tener trato frecuente con sus hombres, busca dos locales: uno, una taberna de la calle Imperial; el otro en la de Cuchilleros. Este ultimo era una tienda que dedicaba a comprar y vender todo menos lo que parecía comprar y vender, era el verdadero cobijo de Candelas.Las Cuevas, que en la época actual conservan toda la singularidad y características de antaño -anteriores aun a la de los Austrias-, socavan a lo que parece el plano de la plaza Mayor, sus angostos y tenebrosos pasadizos guardan el secreto que debieron guardar para el bandolero.Hoy este histórico local lo ocupa el restaurante Las Cuevas de Luis Candelas.
Durante este tiempo, a mas de perpetrar robos y fechorías, Luis Candelas emplea sus ratos de (ocio) con Lola (la navajera), mientras que don Luis Alvarez de Cobos mata su aburrimiento con doña María del Pilar, dama aristócrata, por quien siente profunda admiración por sus bondades y bellezas. Pasa el tiempo, unos cuantos robos, otros tantos encarcelamientos con sus correspondientes fugas son su balance. don Luis Alvarez de Cobos ha conocido en la alta sociedad a Clarita, joven bella que le ha cautivado. A raíz de un audaz robo, surgen complicaciones. Las fuerzas armadas de España entera tienen orden de arrestarle y darle muerte en caso de resistencia. Confiesa su autentica personalidad a su amada, que se lleva una desilusion, pero el amor puede mas y deciden marchar juntos a Gijon en vista de lo mal que se ponían las cosas. El propósito de este viaje solo lo sabia el, pero al llegar y comunicarle su decisión de embarcar rumbo a Londres, ella se niega y vuelve a Madrid, aun a riesgo de la vida de Candelas. Por el camino de regreso lo atrapan; corría el 18 de julio de 1837. Hecha publica la sentencia de su condena a muerte, a la que el bandido contesta con su impasibilidad y sangre fría, es ejecutado en el patíbulo instalado ante la puerta de Toledo. El todo Madrid acude a presenciar el gran espectáculo que suponía la ejecución de personaje tan popular.Con la anuencia del verdugo, Luis Candelas Cagigal se dirige a los espectadores, recibiendo con estas palabras su muerte: <<SE FELIZ, PATRIA MIA.>>
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